martes, 30 de octubre de 2007

Experiencia del VI salón internacional de gastronómia (sig. 2007)



Una experiencia totalmente enriquecedora, conocer tanta gente ofreciendo sus productos y servicios, muchos de los cuales no tenía ni la más mínima idea pero que ya forman parte de mi “catalogo mental”. Las experiencias más importantes a mi parecer fueron las ponencias del Chef Alex Atala y el Chef Santi Santamaría, este ultimo explico de forma muy sincera y concisa su filosofía como chef, dejando ver su oposición a la evolución y progresos falsos de la gastronomía por medio del mercadeo que según él, “no respetan la cocina”, también se expreso dando un llamado a los cocineros venezolanos y latinoamericanos para que con una cocina sincera rechacemos la “colonización” de otros modelos ajenos al nuestro ,logrando entender y aprovechar nuestros recursos y tradiciones para concebir una gastronomía independiente e importante.


El Chef Alex Atala se encargo de tener con su ponencia completamente hipnotizado a un salón abarrotado de personas con sed de conocer toda esta propuesta que con mucha alegría y buena vibra dio a conocer en el VI salón internacional de gastronomía 2007.Ninguna persona en el público dejo de sintetizar las palabras y expresiones del chef Alex quien explico su trabajo y filosofía, dejando en claro que los países de Latinoamérica poseen un gran potencial en materia gastronómica que con mucho esfuerzo y cariño llegara a ser una de las mejores gastronomías del mundo gracias a la gran riqueza que nuestras tierras nos ofrecen.

miércoles, 24 de octubre de 2007

temperaturas

Temperaturas
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Descripción
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Frío
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Frío
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Muy Bajo
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300 °F
Bajo
160 °C
325 °F
Bajo
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350 °F
Moderado
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375 °F
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400 °F
Fuerte
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Muy Caliente
230 °C
450 °F
Muy Caliente

ferran adria

El Bulli, un restaurante avalado por tres estrellas de la Guía Michelín, abre sólo siete meses al año y todas sus reservas se agotan de una temporada a otra. El culpable, su jefe de cocina, Ferrán Adrià, considerado el mejor ‘chef’ del mundo y el artífice de la revolución de la cocina del siglo XXI. Este creador catalán de sabores y texturas ha inventado, además, nuevos conceptos de restauración que están abriendo nuevos caminos en el mundo de la gastronomía.

adria10
Ferran Adrià Acosta, barcelonés de l'Hospitalet de Llobregat, 40 años, es, para mucha, mucha gente, el mejor cocinero del planeta. Y si no es el mejor para todos, nadie se atreve a discutir que es el más creativo y revolucionario: el hijo de un estucador que rechazó estudiar empresariales para vivir la aventura de la hostelería veraniega en casas de comidas costeras y bares de tapas dudosos. Durante el servicio militar en la Armada de Cartagena, aceptó la propuesta de un amigo para ingresar como pinche en El Bulli, un restaurante prestigioso del cual no había oído hablar hasta entonces y que él ha situado, dos décadas después, en primera fila mundial y en el establecimiento más mitificado de España.

Profesional autodidacta, obseso del trabajo, hombre sencillo poco dado a la soberbia, algo tímido, afectado de una ligera tartamudez, con vocación didáctica y cerebro en constante ebullición. Un chef, cuyos hallazgos están siendo imitados o adaptados en todo el mundo pero que imparte su doctrina y recibe a sus fieles tan sólo siete meses al año, en su santuario del litoral gerundense, la inaccesible Cala Montjoi de Roses, ungido con tres estrellas en la Guía Michelín.

Sus recetas rompen esquemas y construyen un universo de sabores, texturas y sensaciones insólitas, jugando con las combinaciones: crudo-cocido, dulce-salado, duro-blando, frío-caliente. Los alimentos cambian de color, de forma y de consistencia. Gelatinas calientes, sorbetes salados, sistemas de cocción futuristas, espumas inverosímiles... Cada plato ha de comerse de una forma determinada. Cada bocado es un juego. El resultado es una experiencia que no deja a nadie indiferente. Pero para llegar hasta aquí ha pasado muchas horas en su cocina, mejor dicho, en su laboratorio, en el que trabaja los cinco meses que cierra El Bulli y donde jugando con las materias primas ha llegado a inventar la cocina de la deconstrucción que, según él, “consiste en utilizar y respetar armonías ya conocidas, transformando las texturas de los ingredientes, así como su forma y temperatura”.

Es un hombre incansable y su imaginación parece no tener límites. Además de crear todos los años una nueva carta para el restaurante que dirige junto a su socio Juli Soler, ha creado El Bulli Catering, para ofrecer algo distinto a banquetes y recepciones; es asesor de [La Terraza del Casino] de Madrid y el restaurante [La Alquería], dentro del hotel de lujo Hacienda Benazuza, en San Lúcar La Mayor (Sevilla). Aquí se preservan sus mejores recetas y cualquiera puede pedir el plato estrella de un determinado año. Y todavía no ha acabado su lista de ideas y proyectos, algunos de ellos ya materializados y otros muchos camino de serlo. Es el creador del concepto nhube , espacios en los que se combina gastronomía, descanso y ocio; de la fast-good, comida rápida de calidad; del bulliolor, ambientadores para determinadas comidas; del espesso, un café sólido...

lunes, 22 de octubre de 2007

antrobiotica


Alonso Ruvalcaba

Nueve libros (glotones) esenciales

THE WHOLE BEAST: Nose to tail eating /Fergus Henderson. Tal vez el libro de cocina más arriesgado de los años recientes. Ajeno a la cursi corrección política, The whole beast va por todo: ojos de cerdo, orejas, cualquier cosa (''Sería una insinceridad -escribe Henderson- con el animal no sacar provecho de la bestia entera''). Un volumen para refundir nuestros prejuicios de chilangos respingados; dice por ahí: ''Es un gozo cocinar bazo de cerdo. Hermosamente simétrico, ni temblón ni inmanejable, es el órgano perfecto para reivindicar el nombre de las vísceras.'' Fergus Henderson es el chef de St Paul , en Londres, restaurante clásico para quienes viven en el carril de alta.

THE MAN WHO ate everything/Jeffrey Steingarten. Si hemos de creerle a The Guardian, ''Jeffrey Steingarten knows more about food than any man now eating''. Es decir: es el hombre vivo que más sabe de comida. Y no es tanto esa absoluta erudición lo que impacta la primera vez que uno se acerca a él (escribe mensualmente en la edición gringa de Vogue, y ha publicado otra compilación: It must have been something I ate): es más bien su capacidad para, en efecto, comerlo todo y su necedad enciclopédica para buscar hasta en el más corrompido rincón de este pobre planeta un ingrediente, un platillo, una nueva versión de un clásico... Si su prosa no fuera delicada, si su amor por los perros desapareciera, si su humor se amargara, el apetito total de Steingarten aún haría de éste un libro memorable.

A COOK'S TOUR: In search of the perfect meal/Anthony Bourdain. Probablemente, Tony Bourdain no sea un gran cocinero: su restaurante, Les Halles , en Nueva York al parecer no pasa de suficiente; pero decididamente es un gran escritor: prosa rica en texturas, en humor, en mentadas de madre, en alcohol como sedante o estimulante, en drogas duras o soft-core, en una humildad esencial ante los grandes maestros como Juan Mari Arzak o el mencionado Fergus Henderson. Es un viaje por el mundo en busca de la cena perfecta, pero también un viaje interior para comprender que el mundo no es como en las películas. Se lee como novela (chida).

THE OXFORD COMPANION to food/Alan Davidson. Con 20 años en gestación, éste es el libro para aquel interesado en saber algo de comida. Y en este caso ''algo'' no significa ''un poco'' sino ''cualquier cosa del cielo, el mar o la tierra''. Por si no fuera suficiente, ingleses como son, su editor y sus productores no se han tocado el corazón para ejercer el típico understatement británico -esa forma de decir algo atroz o simplemente extremo como si no pasara nada- como una manera del humor. Véase si no la entrada ''bat'', en la cual se explica, entre muchas otras cosas que, como el de tantos animales exóticos, el sabor del murciélago se parece al del pollo. Lo mejor es el final: ''Los restaurantes que sirven perro suelen también servir murciélago.'' ¡Ah, bueno!

ESSENTIALS OF CLASSIC Italian cooking/Marcella Hazan. Cuando se nos han acabado las metáforas, recurrimos a símiles mediocres: Britney fue ''la Madonna del 2000'', pero pronto habrá ''la nueva Britney'', ''el Scorsese de Japón'', ''el Tarkovski mexicano'' (de hecho ya lo hay), y cualquier libro puede ser ''La Biblia'' de su género. Pero es que Essentials of classic Italian cooking ¡de veras es La Biblia de la cocina italiana! Prosa encantadora, oral, literalmente todas las recetas dignas de permanecer en la memoria (la mejor sopa de lentejas posible está aquí), datos curiosos o necesarísimos, y en el fondo la voz de una señora que podría ser -y de alguna forma quisiéramos que fuera- nuestra abuela.

L'AMOUR GOURMAND /Serge Safran. El subtítulo de este volumen ya hace agua la boca: Libertinage gastronomique au XVIIIème siècle. Y es que, para nuestra desgracia, nacimos en un siglo infinitamente más triste que el dieciocho francés, cuando menos en lo que se refiere a la unión de la comida y el sexo, la bouche et le couche. Asaltados del sexo por la publicidad, por los medios ñoños, por la ciega creencia en la higiene; robados en despoblado de la ingestión calórica por revistas, mieditos futuros y miradas prejuiciosas antigordos, nos tenemos que conformar con un pálido, muy pálido reflejo de lo que pudimos ser: hombres libres, mujeres calientes, seres humanos en el decadente enajene de comer y coger. Este libro erudito, con bellos capítulos sobre el chocolate, las ostras, el champaña y varios pecados más, nos lo demuestra. Ni modo.

MASTERING THE ART of French cooking/Julia Child. Cuando las señoras gringas hubieran jurado por su lata de sopa de champiñones Campbell's, cuando el permanente y el salón de belleza estaban mero de moda, en el auge de la primera revolución doméstica que sacó a la mujer de la cocina, Julia Child hizo lo impensable: devolverles el amor por las sartenes, las cocciones lentas, las patas de cordero. La cocina clásica francesa metida de repente cual dildo respondón en la entrepierna de Everytown, EU, y las señoras, babeando ante aquellas páginas magistrales, no sabían qué hacer. ¡Ja!

THE FRENCH LAUNDRY cookbook/Thomas Keller. Sí, sí, el catalán Ferran Adrià vino a cambiar la forma en que algunos comemos, revolucionó España, se inventó espumas, aires, humos, blablablá. Pero su antecedente/rival más perfecto, casi interminablemente menos mediático (vas a Cataluña y la sobredosis de Adrià no tiene tregua), es el gran Thomas Keller, que en la French Laundry de Yosemite, California, creó la cocina humorística, la del engaño visual y las comillas -si lees ''ancas de rana'' seguramente serán hongos silvestres disfrazados, si lees ''hongos'' acaso sean mollejas de ternera-, la cocina más atrevida que se está haciendo en Estados Unidos. (Además, en las mesas más bellamente decoradas de ese país.) Seguramente no podrás cocinar nada de lo que está en este libro (hasta su bacon & eggs es un prodigio de maestría técnica), pero con las fotos y las recetas basta para el delirio.

LA PHYSIOLOGIE DU goût/Brillat-Savarin. Y bueno, un clasiquillo para terminar, uno de ésos que tienes que tener aunque nunca los leas. El gran jefe Baudelaire se burlaba sin piedad del pobre Brillat en vista de su lamentable conocimiento vinícola pero la verdad es que su libro, con toda su elevada mamonería, su exigencia proverbial de puntualidad y su sensación de estar escrito para los evos futuros, hace una sabrosa lectura. Su mejor receta es la de la alucinante omelette du curé, y su mejor frase ésta: ''El descubrimiento de un platillo sirve más a la humanidad que el descubrimiento de una estrella.'' Acaso tenía razón.

domingo, 21 de octubre de 2007

El vino y el peso corporal.

Aumentar o bajar de peso continuamente es tan enigmático que la ciencia apenas ha empezado a comprenderlo, mientras abunda la información equivocada. A menudo se culpa al consumo de vino, en cualquier cantidad, como una causa del aumento de peso, de agotamiento, o más aun, como un beso de muerte.
Primero debemos revisar los aspectos nutricionales del vino, el vino de mesa contiene alrededor de 80 calorías por cada cuatro onzas, el equivalente a una copa estándar, las cuales se derivan principalmente del contenido alcohólico, al 12% en volumen. El vino dulce y aquéllos con mayor contenido de alcohol, producen más calorías, aunque no tantas como se temería. El oporto con 20% de alcohol y 10% de azúcar residual, nos impacta con 178 calorías por cada copa estándar de cuatro onzas, mucho menos de lo que contiene un suculento postre.

El vino de mesa, no contiene carbohidratos (como el azúcar o los jarabes), por lo que aún los diabéticos lo pueden beber, siempre y cuando coman cuando lo ingieren (de otra manera corren el riesgo de sufrir una baja en los niveles de azúcar en sangre) Para los millones de dietistas afectos al weight-loss, el vino es “carb-free”, esto es, “libre de carbohidratos”. Así también debe señalarse que el vino no contiene proteínas ni grasas y solamente tiene una cantidad insignificante de vitaminas y minerales: lo que no significa que sea un suplemento alimenticio. (Quienes abusan en el consumo de vino, absorben todas sus calorías y corren un doble daño, tanto por la sobredosis del alcohol que ingieren, como por la desnutrición que sufren). Para quienes deben restringir su ingesta de sodio, el vino no constituye una amenaza. El vino de mesa es 86 ú 87% agua y 12% alcohol etílico (etanol). Además, el vino está compuesto por muchos elementos, antioxidantes polifenólicos que le dan color, sabor y ayudan a su conservación; así como por ésteres y ácidos que contribuyen a su aroma y junto con el alcohol, tal vez ayuden a mejorar la salud y prolongar la longevidad. El alcohol es el único de los componentes que conlleva riesgos si se bebe en exceso, y salvo en casos excepcionales, algunos de los componentes que pueden producir alergias. La relación entre el consumo de alcohol y el peso parece aún más compleja que los valores o restricciones asociados a determinada dieta.

El procesamiento de las calorías derivadas del alcohol difiere entre hombres y mujeres. Los hombres por lo general, tienden a depositar el exceso de grasa en la cintura. Asimismo, sin saber a ciencia cierta porqué, pero desde hace mucho se conoce que, las mismas calorías provenientes del vino, son menos aparentes que aquéllas producidas por la cerveza, lo que lleva a tener una “panza cervecera”. Por su parte, las mujeres son más propensas a depositar el exceso de grasa en las caderas. Y por consabido, la acumulación de grasa, donde quiera que sea, más que un tema cosmético, puede constituir un factor de riesgo para el corazón. Cuando las mujeres beben en exceso, o incrementan el número de copas en que ingieren en determinado tiempo, el número de calorías producidas tiende a ocultarse; suben menos de peso, con relación al número de calorías ingeridas. Algunas observaciones muestran que, en el caso de las mujeres, el alcohol tiende a producir una pérdida de peso. El caso de “las calorías perdidas”, permanece en el misterio. Tal vez el alcohol provoca determinada pérdida de energía o altera algún proceso metabólico. Por lo general el alcohol no convierte en obesas a las personas delgadas, pero hace que los obesos lo sean más. En general, el consumo de vino con moderación no conlleva a aumentar de peso, ni a cambios indeseables en la química corporal. Por el contrario, afortunadamente el consumo moderado usualmente ayuda a corregir el exceso de peso y a reducir los riesgos por diabetes y enfermedades cardiovasculares. Pero, cuando el consumo es fuerte, aunado a un exceso en la ingesta de grasas, lo que dificulta llegar a un estado de saciedad. De tal forma que, cuando la persona busca sentirse satisfecha, incrementa su ingesta de calorías, lo que conduce a un aumento de peso. Un estudio que duró cinco años, realizado en Londres, con 7,608 hombres de mediana edad indica que el consumo de una a tres copas diarias no conduce a un aumento de peso. Mientras que el ingerir más de tres copas diarias, sí produce aumento de peso y genera obesidad, independientemente del tipo de bebida alcohólica que se consuma. Quienes consumen destilados, tienden a ser consumidores más fuertes que quienes consumen vino o cerveza. Los informes sobre pérdida de peso por parte de algunas personas obesas, han producido gratas sorpresas. Aquellos pacientes que consumieron entre 7 y 36 onzas de vino a la semana, perdieron, de manera significativa más peso, que quienes no bebieron y que aquellos quienes bebieron en cantidades excesivas. Aquéllos que consumieron más de 36 onzas, incluso mejoraron en cuestión de peso (aunque debe señalarse que dicha cantidad constituye el límite que no deben exceder las mujeres. Todos los bebedores de vino obtuvieron beneficios adicionales en su salud durante el tiempo que duró el estudio.Existe evidencia y suficientes argumentos para afirmar que el consumo de alcohol con moderación puede ser benéfico para las personas obesas, y conllevar ventajas para la salud, como la pérdida de peso. Sin embargo, me preocuparía por mantener un consumo más que moderado por un período prolongado. Quienes verdaderamente requieran estar atentos a las condiciones de su peso, tal vez puedan encontrar algunas alternativas en el beber con moderación.


Extracto de:
http://www.alcoholinformate.org.mx/saborsaber.cfm?articulo=86

AZUCAR INVERTIDO...

“Ingrediente imprescindible en los postres de vanguardia porque no cristaliza, confiere una textura más cremosa, ayuda a mantener la humedad y acelera la fermentación; por eso se emplea mucho en pastelería. Aparece en cientos de recetas dulces, para desesperación de los cocinillas aficionados que desconocen que se prepara fácilmente en casa hirviendo en 300 mililitros de agua un kilogramo de azúcar, mezclado con cinco gramos de acido cítrico (zumo de limón) y cinco gramos de bicarbonato. El azúcar invertido también conocido como azúcar de tabla, no es más que sacarosa simple. En la miel de abeja se produce de forma natural.”


Fuente: Fashion Food

jueves, 18 de octubre de 2007

UMAMI!


Es uno de los cinco básicos sabores detectados por los perceptores especializados de la lengua humana (los otros son: amargo, ácido o agrio, dulce, salado). El Umami es una palabra de origen japonés para expresar un sabor entre salado y el glutamato monosódico. Este nuevo sabor fue descubierto por el profesor Kikunae Ikeda de la Universidad Imperial de Tokio a comienzos del siglo XX.
Con sus investigaciones el profesor Ikeda quiso caracterizar el gusto distintivo de los espárragos, los tomates, el queso y las carnes, hasta entonces desconocido, que se distinguía con claridad de otros cuatro gustos básicos: dulce, amargo, agrio y salado. El profesor Ikeda sabía que el caldo de un alga marina denominada kombu y preparada de forma tradicional en la cocina japonesa era rico en este específico sabor y empezó con la extracción usando tremendas cantidades de este caldo. Finalmente, consiguió purificar los cristales del glutamato monosódico y se dio cuenta de que la sal de este aminoácido tenía un gusto distintivo que lo llamó umami. Cien gramos del alga seca contienen aproximadamente un gramo de glutamato.
Investigaciones recientes muestran que el glutamato monosódico estimula receptores específicos de la lengua produciendo un gusto esencial que se conoce con el nombre de umami. Este término procede del japonés y significa gusto sabroso (el adjetivo de umami es umai y quiere decir deliciosos en japonés). Los otros cuatro gustos esenciales son: el dulce, el salado, el agrio y el amargo. En un principio se extraía del alga Laminaria japónica mediante un proceso desarrollado en 1908 por el profesor de química de la Universidad Imperial de Tokio Kikunae Ikeda .
El glutamato monosódico utilizado en pequeñas cantidades se ha demostrado científicamente, tras treinta años de investigación, que no presenta ningún riesgo para el consumidor. No puede afectar al cerebro porque el 95% del glutamato ingerido en la dieta es utilizado por el intestino como fuente de energía, y además no puede atravesar la barrera hemato-encefálica. En contra de lo que se cree de forma popular, el glutamato monosódico de la dieta no tiene ninguna relación con otras enfermedades como la diabetes, enfermedades del estomago, depresión, etc. Según estudios recientes no se ha demostrado que el glutamato provoque ningún tipo de efectos nocivos para la salud. Sin embargo, al resaltar el sabor puede inducir a una mayor ingesta de alimentos, pudiendo provocar obesidad. Además investigaciones recientes demuestran que un alto consumo de glutamato monosódico en ratas produce daño en la retina asociado con glaucoma, que puede llegar a la ceguera.
Por otro lado, investigaciones realizadas en modelos experimentales en la Universidad Complutense de Madrid por Jesús Fernández-Tresguerres, director del departamento de Fisiología de la Facultad de Medicina, sugieren que la ingesta de alimentos que contienen glutamato monosódico despierta un hambre ansiosa, hasta el punto de que incrementa la voracidad en las ratas estudiadas en el 40%. Según estas investigaciones, el glutamato actúa sobre las neuronas de una región cerebral llamada el núcleo arcuato, e impide el buen funcionamiento de los mecanismos inhibidores del apetito. Muchos ya relacionan al glutamato monosódico con la "epidemia de obesidad" que se da en los países desarrollados. Otro dato interesante es que en 1970 se producían 200.000 toneladas de glutamato anuales, ahora son 1,5 millones de toneladas.
Fuente:www.wikipedia.com